|
Reflexión personal De pequeña huíamos de la Semana Santa. Nací en Palma de Mallorca y vivíamos en la calle principal, así que había grandes procesiones con tambores fuertes. Mi mamá sufría de dolores de cabeza crónicos y no quería que yo me asustara, así que se iba en auto a pasar el día en algún lugar de la naturaleza. Un Viernes Santo regresamos a la ciudad demasiado pronto. Yo tendría unos cinco años de edad. La calle estaba bloqueada porque estaba justo pasando la procesión. Cientos de caras muy serias, compungidas y de luto. “Mamá, por qué está tan triste esta gente?” le pregunté. “Están recordando la muerte de Jesús”, me contestó. “Pero… están atrasados de noticias! Jesús vive! Yo estuve con él hace poco, es muy guapo. Tengo una idea, subite al techo del auto y gritales ‘Jesús vive! No estén tristes, pueden irse a sus casas’”. Mamá me contestó: “No puedo hacer eso, me meterían presa”. Tuvo que cerrar las ventanas del auto porque yo me puse a gritar “Jesús vive! Quédense tranquilos!” a plena voz. Desde entonces mi preferencia de Semana Santa es apartarme y esconderme, no participar ni ver el drama que representa en España. En la época en que se veía el Telediario en casa, mostraban procesiones de gente flagelándose y sangrando. Yo intentaba evitar verlo. A mis 23 años de edad viví mi primera Semana Santa en Estados Unidos. Si bien en un contexto cristiano, la energía era totalmente diferente. “Happy Easter!” decía la gente. Porque la Pascua era una época feliz. Celebrar la resurrección. Y comer huevos de chocolate. Ramas de árbol puestas en macetas con plumas de colores, así se vestían las calles. Huevos y conejitos. Y se desea igual que en inglés, “Glad Påsk”. Es una época alegre. Y para los que lo celebraban de forma religiosa, era la conmemoración del gran milagro de la resurrección. Ahora tengo 45 años y vivimos en la calle principal de un pueblo pequeño en la zona rural de Extremadura, España. No puedo evitar ver las procesiones que pasan por mi pura puerta, tocando tambores que te resuenan en el pecho. Procesión el jueves a las 22:00, luego pasó un coro de hombres a la 01:40, el viernes 22:30 nueva procesión con más tambores… Esta mañana al pasear al perro nos topamos con otra procesión que iba rumbo al cementerio. La del domingo pasará a las 6 am. En castellano (al menos de España) no existe siquiera la frase de “Feliz Semana Santa”. De feliz no tiene nada. Curiosamente existe el “Felices Pascuas” pero se refiere la Navidad (???). Cuándo se les perdió el concepto de celebrar que Jesús representa la vida eterna, y no la muerte? Parece que nunca lo tuvieron en realidad. Porque lo que publico en redes y por emails es mi forma de dar servicio al mundo, de comunicar un mensaje inspirador, de ayudar a gente que está buscando una solución, a tomar acción para mejorar su vida (ya sea por la parte de salud y bienestar, o ahora tanto más de tomar las riendas de su economía para poder realmente decidir lo que desean hacer, y no lo que pueden según sus finanzas y tiempo). Desde mi oficina escucho el trino eufórico de los pájaros que celebran la primavera. Es un contraste tan grande con las procesiones de gente muy seria. Una compañera de la universidad, en USA, me comentó que la culminación de la Pascua, la comida familiar del Domingo de Resurrección, era su fiesta favorita del año - más que la Navidad o Acción de Gracias. Me dejó pensando… Con mi mamá nunca “celebramos” la Semana Santa, más bien huimos de ella. Yo celebro la vida. En varias etapas de mi vida, incluso al poco de casarme hace unos años, no era evidente que pudiera ver un cumpleaños más así que “haber llegado a mediana edad” es un milagro digno de reconocimiento para mí. Estoy agradecida por el legado de Jesús, con su mensaje de amor. Y de que todos podríamos hacer cosas incluso más grandes que Él (Juan 14:12). En estos días que percibo tanta tristeza a mi alrededor, intento centrarme en ser luz. Y que tengas un Domingo de amor y alegría, sean cuales sean tus creencias. Porque estamos vivos. Y cada día que amanecemos respirando merece ser celebrado. Tisha |
Tres veces por semana te escribo sobre cómo estamos construyendo nuestra realidad a cada momento — con la energía que ponemos, las decisiones que tomamos y los sistemas que creamos o ignoramos. El emprendimiento aparece mucho en estas cartas, porque tener fuentes de ingresos independientes es una de las herramientas más poderosas para diseñar tu vida con libertad de tiempo y geográfica. Pero no es el único tema. Llevo 26+ años emprendiendo online, 18 años viviendo del multinivel, con alumnos y clientes en 40+ países, actualmente desde un pequeño pueblo rural en España. Todo es energía. Y estas cartas son mi forma de compartir la inspiración que me va llegando.
Lo que pasó y lo que hice Me uní a LinkedIn en 2017. Nunca fue un canal principal pero por temporadas le puse energía y tiempo. Tenía un perfil muy completo con mis credenciales y experiencia. Publiqué artículos largos y cortos. Tú tienes cuenta en LinkedIn, Reader? El año pasado mandaron una notificación que si quería uno mantener la cuenta activa, debería subir una foto de su documento de identidad a su nuevo servicio de identificación, para garantizar la seguridad de la cuenta. También...
Allá por 2002, una amiga de mi madre me comentó en una conversación "Tú sabes que eres índigo, verdad?". Pues no, yo no conocía la expresión siquiera. Te suena, Reader? Los "niños índigo" típicamente nacieron desde 1980 (aunque hay ejemplos mucho más antiguos, sin ir más lejos mi madre que nació en 1944). Son (somos) almas antiguas en cuerpos jóvenes. No respondemos bien a la autoridad impuesta sin explicaciones. Típicamente hemos tenido amigos más mayores que nuestra edad cronológica y le...
A veces no estás cansada porque hayas hecho demasiado, Reader. A veces estás cansada porque llevas demasiado tiempo haciendo poco de lo que realmente te enciende por dentro. No “poco” en cantidad. Poco en esencia. Puedes estar cumpliendo con todas tus tareas: preparando comidas, contestando mensajes, trabajando, cuidando a los demás, pagando facturas, resolviendo lo urgente. Y aun así sentir ese peso raro en el pecho. Ese run-run interno. Como si una parte de ti te estuviera dando golpecitos...